Picnic on the Esplanade es la primera exposición de la galería picnic en su nueva ubicación. Tres años después de abrir en el local de Delicias la galería se traslada a otro escenario y se abre a nuevas perspectivas.
El título de esta exposición hace referencia al propio origen de la galería como lugar de encuentro, de comunicación y de descubrimiento. Lo tomamos de una fotografía icónica de 1973 de Nan Goldin, momento en que la artista vivía en Boston y compartía su vida con su familia de drag queens del club The Other Side. Años fundamentales en su desarrollo artístico y personal. En 2021 la propia galería picnic nació así, en un momento de entusiasmo por la vida donde no había nada que perder, una nueva primavera que entonces parecía llamar a un gran cambio. Renaceremos juntos/en el limpio horizonte/en la rosa y el grano/en el viento que juega/y en el agua que ríe1, escribe José Agustín Goytisolo. Y así empezamos. Con la inocencia y entusiasmo infantil de salir a celebrar al campo. El aire era tan puro que daba la impresión de estar respirando una sustancia nueva, desconocida, hecha de aire y luz y flores2.
Y sin cuentas ni diagramas la planta brotó. Aunque es justo decir que las semillas de picnic se habían sembrado mucho antes, en proyectos artísticos como Hambre, justo en los inicios de la depresión de 2008, y en Luminaria, pocos años después, como respuesta al hundimiento social que vino, enlazando al fin con la reciente crisis del covid. Esa nueva sensibilidad que surge entonces es chispa de lo que podríamos llamar galerías de la pandemia, enmarcadas en un diálogo colectivo que permite ver a los otros cara a cara y, al menos por un tiempo, generó la esperanza de unas relaciones más humanas y de actitudes renovadas de entender el entorno. Parecía tomar forma una ética ilusionada por el de enfrente, la relación con el otro es ética desde su inicio escribe Lévinas3, y esa alegre responsabilidad por los derechos del otro inevitablemente también cuestionaba la fortaleza de nuestra propia identidad. En ese improbable campo nació la galería.
Una fiesta en el campo con amigos es un momento de descanso y evasión. La fotografía de Goldin, con su círculo íntimo sentados en la hierba del parque Esplanade de Boston junto al río Charles, nos lleva inevitablemente al Almuerzo sobre la hierba de Manet, esta escena, despreocupada y abiertamente liberal para su época, nos mira a la cara directamente en los ojos de la mujer desnuda. En la obra de Goldin nadie mira a la cámara, el grupo está inmerso en una conversación entre risas y una tarta, festejando el vigésimo cumpleaños de la propia artista. En la foto, junto a ella, están varias personas cercanas, como el fotógrafo David Armstrong y su amiga Suzanne Fletcher. La conexión emocional es alta. No hay alcohol, pero parecen seducidos por la flauta del mismo pastor que desata las pasiones de Étienne Alexis en Comida en la hierba, de Jean Renoir. Fuera temores, solo celebración.
Tras la fiesta la alegría no desaparece, se queda dentro, te alimenta. Y todo nace y crece y desemboca/en su estación en calma/como el río en su mar o el sol en su poniente4. Han sido ya tres años de picnic, y no estamos ante ningún volver a empezar, no hay ruptura, pero ahora, amigos, artistas y galeristas dan forma a un nuevo picnic. Estar hoy aquí, mirar lo que nos rodea y que también nos mira.
Todo verdadero vivir es encuentro5 recuerda Martin Buber, y podemos añadir que también es confianza. Encontrar, confiar y dar. Pero a diferencia de Buber nosotros no nos percibimos completos, las simas son tan hondas que se hace imposible una relación de sujetos iguales, necesitamos recibir más que dar. Una asimetría que también se da en el contexto de una exposición que como esta pone en valor los lazos y las desconexiones que surgen entre los mismos artistas y entre ellos y la galería. Conversaciones desiguales, pues no presenciamos una estética sino un diálogo.
1 José Agustín Goytisolo, El retorno, 1955.
2 Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, 1967.
3 Emmanuel Lévinas, Ética e Infinito, 1982.
Los artistas presentes en esta exposición son Arcadi Ballester (Tarragona, 1984), Maria Freire (Granollers, 1995), Nacho Martín Encinas (Madrid, 1994), Ander Sagastiberri (Bilbao, 1988) y Cecilia Sebastián de Erice (Madrid, 1996).